La poesía de Samuel Noyola. Por Eloy Garza

Falta un estudio serio de la poesía de Samuel Noyola. No hay más que destellos aquí y allá, alabanzas fugaces y forja de leyenda lírica, donde el personaje se traga a la obra. De entrada, no toda brevedad implica calidad. Rimbaud es un garbanzo de a libra. Y antes que él, Catulo. Pero miremos a Whitman: si hubiera muerto a los 30 años, no quedaría nada de él digno de lectura.

Noyola fue un poeta que desapareció (¿murió?) en mitad de su formación literaria. Sin embargo, su descenso vital no garantizaba un ascenso poético; lo prometía, que es distinto. En varios poemas de Noyola veo navajazos fulgurantes, precocidad procaz y una intensidad inusitada. Poeta nocturno y de afán métrico aunque incurriera en el verso libre. Instantes eléctricos y una que otra estrofa sobrante.

Sin duda José Jaime Ruiz podría darnos esa recapitulación formal de la poesía (no sólo del personaje) de Noyola. Ignoro si tenga tiempo y ganas de acometer la empresa. Gabriel Contreras punzó con acierto en los comportamientos erráticos de Noyola, pero falta su texto definitivo. Y Pancho Serrano (que fue su amigo, cómplice y todo), debería sentarse a escribir sobre esa relación saturnal: la amistad, si es agónica, exige a los sobrevivientes dejar testimonios contra el olvido.

Yo nada más vi a Noyola en un par de ocasiones. Era seductor como lo son casi todos los artistas que se asoman al abismo. Recuerdo que definí su poética como dandismo miserable. Ahora ya no estoy tan seguro de mi definición, acaso arbitraria.

Leí a plazos la obra publicada de Noyola y me gustó. Cuentan que también a Octavio Paz. Dudo de la simpatía del Nobel por el personaje. Y dudo aún más de ese supuesto «ménage à trois» con Marie -José. No por razones morales, sino simplemente emocionales: Paz deploraba a los artistas autodestructivos. De joven amó las exploraciones sensitivas; pero siempre odió los excesos.

Se de muchos poetas «viciosos» que recibieron una reprimenda severa y paternal de Paz, tanto en público como en privado. Quizá algo tuvo que ver en nuestro Nobel el alcoholismo de su padre y su trágica muerte arrollado por un tren, al cabo de una borrachera. Eso lo marcó de por vida.

En fin, vuelvo a Noyola. Valdría la pena examinar esa obra suya no acabada sino en proceso de gestación. Doy una pista de sus afinidades, no en el orden de Góngora (del que alardeaba), sino en el rango de un notable poeta más cercano a nosotros, y ya poco o nada leído: Alí Chumacero. Sus semejanzas y correspondencias son consistentes. Aquí le paro a mi post y dejo las explicaciones para después.

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